Caracas, mayo de 2026 – En una atmósfera desbordante de júbilo, fe y alabanza, se llevó a cabo el cuarto servicio del fin de semana, un encuentro marcado por una profunda manifestación del Espíritu Santo. La congregación, que extendió una calurosa bienvenida tanto a los asistentes presenciales como a los miles de hermanos conectados a través de YouTube, Instagram y otras redes sociales, vivió una jornada catalogada como «triplemente feliz».
Los motivos para celebrar no faltaron en este Día del Señor:
Un mover poderoso: La bendición de congregarse en el cuarto servicio del fin de semana para tener un encuentro cara a cara con el Creador.
Consagración familiar: La emotiva celebración matrimonial de Ernesto y Zoraida, dos queridos líderes del ministerio que decidieron unir sus vidas y consagrar su hogar al servicio de Dios.
Fiesta de Pentecostés: La conmemoración de la promesa cumplida hace casi 2,000 años, recordando que el Espíritu Santo sigue derramándose hoy con la misma fuerza sobre cada vida.
En un mundo frecuentemente sacudido por la geopolítica mundial, el temor, el nerviosismo y los ataques de pánico, el mensaje central trajo una verdad liberadora directa al corazón: «Nosotros nos ponemos nerviosos, pero Dios no está nervioso por nuestro futuro».
Basado en el pasaje de Apocalipsis 4:1-2, se expuso la historia del apóstol Juan en la isla de Patmos. A pesar de estar exiliado, anciano y en condiciones extremas, Juan vio una puerta abierta en el cielo. Esa visión borró todo temor. El propósito de este servicio no fue enseñar a los fieles a «gestionar» la ansiedad, sino a ser completamente libres de ella, recordando que la solución no es humana, sino espiritual.
«Lo que hoy te mantiene con ansiedad, ya está bajo el control de Aquel que nunca ha conocido la derrota».
Durante la enseñanza se compartieron tres principios fundamentales para conectar con la liberación que el Espíritu Santo ofrece:
Aunque tu mundo esté en caos, el cielo siempre mantendrá una puerta abierta: Físicamente todo puede parecer cerrado, pero espiritualmente somos libres para creer. Se hizo un llamado a dejar de golpear las puertas que el mundo ya cerró y a renunciar al «complejo de salvador», recordando que solo Cristo es el Salvador.
Antes de reaccionar a la crisis, sube de nivel: Reaccionar es humano, pero levantarse es espiritual. Se invitó a la congregación a tomar pausas de cinco minutos a solas con Dios para adquirir Su perspectiva. Cuando miramos los problemas desde arriba, nos damos cuenta de que no se están levantando contra nosotros, sino contra las promesas del Dios viviente.
Tenemos el mejor respaldo del universo: Así como un hombre recuperó su fortuna solo por sentirse respaldado por un cheque que creía de Rockefeller, la iglesia cuenta con un respaldo real y eterno. Cristo ya aseguró la victoria en la cruz hace 2,000 años; por lo tanto, no se pelea para ganar, se pelea porque ya se ganó.
El servicio culminó con un clamor unánime y alegre, instando a los asistentes a «cambiar la ansiedad por autoridad» y a recordar que las dificultades son solo una estación, no el destino final. Con las manos en alto, la iglesia se unió en una poderosa oración de agradecimiento al Espíritu Santo, declarando que, sin importar los diagnósticos o las malas noticias, Dios sigue en el trono y Su pueblo sigue de pie porque Jesús ya venció.