Si sientes que el cansancio, los golpes o la presión te están haciendo pensar en soltar lo que Dios puso en tus manos, queremos compartir contigo un mensaje transformador impartido por el pastor Josepher Contreras en la iglesia IJC Global, titulado «Manos Que Oran, Manos Que Pelean, Manos Que Retienen». En esta enseñanza nos recuerda que muchos creyentes abandonan sus sueños, matrimonios, hijos, negocios, ministerios o su fe justo cuando están a punto de ver el milagro, sin darse cuenta de que los ataques no significan derrota: muchas veces significan que Dios ya depositó algo valioso en sus manos y el enemigo quiere que lo suelten.
A través del Salmo 144:1-2, donde David llama a Dios “mi roca, que adiestra mis manos para la guerra y mis dedos para la batalla”, el pastor Josepher nos entrega claves fundamentales para perseverar, obedecer y retener la bendición de Dios:
Manos que oran: la oración debe ir antes que la crisis. David, al enterarse de que los filisteos lo atacaban tras ser ungido rey, no entró primero en crisis ni en pánico: bajó a orar y buscó dirección de Dios (2 Samuel 5:17-19). La oración es el mayor acto de humildad, porque reconocemos que nuestras manos no son suficientes y que necesitamos las manos de Dios. Antes de una conversación difícil, antes de una presión financiera o familiar, antes de reaccionar, debemos juntar nuestras manos y orar. Quien baja a la cueva a rendirse ante Dios jamás sube al campo de batalla a perder.
Manos que pelean: después de orar, hay que obedecer. Dios no solo le dijo a David que vencería; le dio una estrategia y le pidió obediencia. Muchas veces no necesitamos más estrategias humanas, sino obedecer la voz de Dios sin excusas ni retrasos. La obediencia nos permite adelantarnos a la crisis y nos libra de pelear batallas que no nos corresponden. Sabiduría es saber qué batallas eligió Dios para pelearlas con nosotros. El milagro, el rompimiento y la respuesta están al otro lado de la obediencia.
Manos que retienen: después de ganar la batalla, hay que sostener la bendición. El problema de muchos creyentes no es recibir, sino retener. Dios da promesas, matrimonios, hijos, finanzas, llamados y sueños, pero cuando llegan los golpes, muchos sueltan. Como el jugador de fútbol americano que recibe el balón y es golpeado, pero no lo suelta, nosotros debemos mantenernos firmes aunque vengan aflicciones. Los golpes son inevitables, pero Dios fortalece nuestras manos para no soltar lo que Él nos entregó. Al final, la única razón por la que no perdemos el balón es porque las manos de Jesús son las que nos sostienen y no nos soltarán.
Te invitamos a tomar una decisión práctica: manos juntas para orar, manos al frente para pelear y manos fuertes para retener. No tienes que pelear la vida solo; Cristo y el cielo son tu respaldo. Si estás cansado, si has pensado renunciar o si sientes que ya no puedes sostener lo que Dios te dio, hoy es el día para volver a Él, pedirle que fortalezca tus manos y caminar en obediencia. Si aún no has aceptado a Jesús como Señor y Salvador, o si te has apartado, este es el momento para reconciliarte con Dios. ¡No sueltes lo que Dios puso en tus manos! El milagro está al otro lado de la obediencia.