Caracas, 23-11-25 — En la más reciente reunión, la comunidad recibió un mensaje que más que un sermón, pareció una conversación sincera entre amigos: una invitación a descubrir el Chazown, esa palabra hebrea que significa visión divina, el plan específico que Dios tiene para cada vida. Y así, entre risas, anécdotas y silencios profundos, se fue revelando algo grande: la visión no es un sueño para mañana… es traer el futuro al presente.
“Voy a tomar decisiones de acuerdo a la visión de Dios”, dijo el orador, y esa frase quedó resonando como el punto de partida de todo lo demás.
El cuento comenzó por donde realmente empieza la vida: la relación con Dios.
Sin rodeos, se dijo que esta es la base donde se edifica absolutamente todo. Dios no solo quiere una iglesia; quiere intimidad, cercanía, una relación viva con cada uno.
La pregunta que desarmó a muchos fue sencilla pero profunda:
“¿Cómo te ves tú en tu relación con Dios en el futuro?”
Y ahí, cada quien tuvo que imaginarse: ¿más maduro?, ¿más confiado?, ¿más obediente?, ¿más cerca?
Porque al final, somos el cuerpo de Jesús, y sin Él, no hay construcción que aguante.
El mensaje siguió con un tema que nos toca a todos: las relaciones.
Se dijo sin tapujos que en todas partes hay problemas, y que donde hay gente, hay complicaciones. Pero Dios tiene el poder de sanar nuestra forma de relacionarnos.
Y cayó una frase que dejó a la audiencia pensativa:
“Progreso o retroceso, casi siempre, es gracias a las relaciones que tienes.”
Por eso, el llamado fue convertirse en una persona de alto valor, alguien que impacte positivamente y sirva con intención.
Al final, la visión también se refleja en cómo tratamos a la gente que nos rodea.
Aquí el tono cambió, porque hablar de dinero siempre mueve fibras.
Pero se dijo claro: Dios es quien nos da el poder para producir, y las finanzas también necesitan una visión de Dios.
Se explicó que muchos de los vacíos del corazón humano tienen que ver con propósito, no con dinero. Y algo quedó claro:
“Si el reino avanza, mi vida avanza.”
Una perspectiva que invita a ver las finanzas no como un fin, sino como una herramienta para cumplir la visión divina.
La conversación se volvió muy práctica cuando se habló de salud.
“¿Comes para saciarte o para alimentarte?”, preguntaron como quien lanza una broma con sabiduría detrás.
Se habló de emociones, descanso, alimentación, ejercicio y disciplina.
Porque, al final, el cuerpo no es cualquier cosa:
es el templo del Espíritu Santo.
Y la invitación quedó clara: cuidar el cuerpo, formar hábitos, vivir más… para servir más al eterno.
La última pieza del rompecabezas fue el propósito personal.
Se animó a cada persona a escribir 10 talentos que Dios les ha dado, y se soltó una frase que hizo reír al público:
“La pasión es cuando tú pagas por hacer algo.”
Fue un recordatorio de que el llamado de Dios no solo te mueve… te consume, te impulsa, te da vida.
Y lo más poderoso: Dios quiere sanar tu imagen para que puedas ver lo que Él siempre vio en ti.
El mensaje cerró con un resumen que parecía una brújula espiritual:
Una visión impulsada por Dios
La reconocerás porque glorifica a Dios, no al ego.
Una visión personal y única
Donde más te atacaron… ahí mismo Dios te va a usar.
Una visión poderosa que te mueve a la acción
Cuando es de Dios, se te mete en el pecho; incluso si da miedo, lo haces con miedo.
Y para cerrar, se declaró en voz alta la promesa de Isaías 54:2-3:
“Ensancha tu tienda, extiende tus cortinas, no seas escaso…”
Una palabra que se sintió como un soplo de expansión para todos los presentes.