[Caracas, 22/02/26] — Durante el servicio dominical, la iglesia vivió un tiempo de profunda reflexión espiritual a través de un mensaje centrado en la exhortación de Jesús a la iglesia de Éfeso, relatada en el libro de Apocalipsis. La prédica abordó una realidad actual que impacta tanto a la vida de fe como a la vida diaria: el peligro de vivir en piloto automático y perder la pasión por el propósito de Dios.
El mensaje recordó que la iglesia de Éfeso era reconocida por su arduo trabajo, perseverancia y fidelidad doctrinal, pero aun así recibió una advertencia clara: había abandonado su primer amor. A partir de este pasaje, se destacó que el problema no era la falta de obras, sino la ausencia de fuego espiritual y conexión genuina con Dios.
Uno de los énfasis centrales fue que la pasión no es un sentimiento que se espera, sino una práctica que se cultiva. La enseñanza subrayó que Jesús no llamó a “volver a sentir”, sino a volver a practicar las obras del principio, entendiendo que la obediencia constante es la que reaviva el corazón.
Asimismo, se compartió una verdad clave para la vida cristiana: no seguir la pasión, sino el propósito. La pasión, al ser emocional y cambiante, no debe guiar las decisiones, pero cuando se somete al propósito eterno de Dios, se convierte en un poderoso combustible para avanzar con perseverancia y excelencia.
El mensaje también profundizó en el verdadero significado del arrepentimiento, explicado desde el concepto bíblico de metanoia: un cambio de mente y de dirección. No se trata de remordimiento emocional momentáneo, sino de levantarse, redireccionar la vida y volver al camino que Dios estableció.
A través de ejemplos bíblicos como el del rey David y el apóstol Pedro, se reafirmó que aunque el tiempo perdido no puede recuperarse, Dios sigue siendo un Dios de restauración, capaz de devolver el gozo, el fuego y la esperanza, incluso después de las caídas más profundas.
La jornada concluyó con un llamado claro y esperanzador: Dios no vino a condenar, vino a encender. Un recordatorio de que siempre es posible volver al primer amor, reconectar con el propósito y vivir la fe con pasión renovada.